Tu gato no habla, pero sí avisa. Deja de comer, estornuda más de lo normal, se esconde o parece molesto al masticar. ¿Te suena? Detrás de esos cambios puede haber una infección respiratoria frecuente en gatos: el calicivirus felino.
Aunque a veces se confunde con un simple resfriado, conviene tomárselo en serio. En Clínica Veterinaria Prada vemos a menudo que una visita temprana marca la diferencia, sobre todo cuando el gato es cachorro, mayor o tiene las defensas bajas.

Qué es el calicivirus en gatos
El calicivirus felino, también conocido como FCV, es un virus muy contagioso entre gatos. Afecta principalmente a las vías respiratorias, la boca y, en algunos casos, las articulaciones. No se transmite a personas ni a perros, pero sí puede pasar fácilmente de un gato a otro.
El contagio suele producirse por contacto con saliva, secreciones nasales, lágrimas o superficies contaminadas, como comederos, mantas, transportines o areneros. Por eso, en hogares con varios gatos, actuar rápido es clave.
Señales que deberían ponerte en alerta
No todos los gatos muestran los mismos síntomas. Algunos tienen un cuadro leve y otros se encuentran realmente apagados. Las señales más habituales son estornudos, moqueo, ojos llorosos, fiebre, cansancio y pérdida de apetito.
Uno de los signos más característicos son las heridas o pequeñas úlceras en la boca, especialmente en lengua, encías o paladar. Estas lesiones duelen. Por eso, un gato que antes devoraba su comida puede empezar a acercarse al plato, olerlo y marcharse.
También pueden aparecer babeo, mal aliento, dificultad para tragar o cojera pasajera. Si el animal respira mal, no bebe, no come o está muy decaído, no conviene esperar.
Por qué deja de comer un gato con calicivirus
Aquí hay un detalle importante. Los gatos dependen mucho del olfato para comer. Si tienen la nariz obstruida, la comida les resulta menos atractiva. Si además tienen llagas en la boca, cada bocado puede molestarles.
En estos casos, suele ayudar ofrecer comida húmeda, templada y fácil de tragar, siempre siguiendo las indicaciones del veterinario. Pero cuidado: no hay que forzar ni automedicar. Medicamentos comunes para humanos pueden ser peligrosos para los gatos.
Tratamiento: aliviar, controlar y evitar complicaciones
Actualmente no existe un tratamiento que elimine directamente el calicivirus felino. El objetivo es ayudar al gato mientras su organismo combate la infección y prevenir complicaciones.
Según cada caso, el veterinario puede pautar medicación para la fiebre o el dolor, limpieza ocular y nasal, apoyo nutricional, hidratación o antibióticos si aparece una infección bacteriana secundaria. En gatos muy afectados puede ser necesario ingreso, fluidoterapia u oxígeno.
El diagnóstico suele basarse en la exploración y los síntomas. En determinadas situaciones, como brotes en casas con varios gatos o casos más complejos, pueden recomendarse pruebas específicas.
Cómo prevenir el calicivirus felino
La vacunación es una de las mejores herramientas de prevención. No siempre evita al cien por cien la infección, pero ayuda a reducir la gravedad del cuadro. Mantener al día la pauta vacunal, especialmente en gatos jóvenes o que conviven con otros felinos, es fundamental.
También es recomendable separar al gato enfermo, limpiar bien comederos y bebederos, ventilar las estancias y evitar compartir mantas o juguetes durante el proceso. Si vas a introducir un nuevo gato en casa, una revisión veterinaria previa y unos días de adaptación separada pueden evitar muchos problemas.
Conclusiones finales
El calicivirus en gatos puede empezar como algo aparentemente leve, pero complicarse si no se controla. Si tu gato estornuda, tiene secreción nasal, llagas en la boca o ha dejado de comer, lo más prudente es revisarlo cuanto antes.
En Clínica Veterinaria Prada podemos valorar su estado, aliviar sus molestias y orientarte sobre la mejor prevención para protegerlo a él y al resto de gatos de casa. Contacta con nosotros y pon a tu gato en las mejores manos.
